Como afirmaba mi predecesor [el Beato Papa Juan Pablo II] en la Exhortación apostólica Familiaris consortio, "el futuro de la humanidad se fragua en la familia. Por consiguiente es indispensable y urgente que todo hombre de buena voluntad se esfuerce por salvar y promover los valores y exigencias de la familia". Y añadía: "Corresponde también a los cristianos el deber de anunciar con alegría y convicción la >buena nueva> sobre la familia que tiene absoluta necesidad de escuchar siempre de nuevo y entender cada vez mejor las palabras auténticas que le revelan su identidad, sus recursos interiores, la importancia de su misión en la ciudad de los hombres y en la de Dios" (n. 86). (...)

En estos tiempos se hace imprescindible salvaguardar los valores fundamentales del matrimonio y de la familia, amenazados por el fenómeno actual de la secularización, que impide a la conciencia social llegar a descubrir adecuadamente la identidad y misión de la institución familiar, y últimamente por la presión de leyes injustas que desconocen las derechos fundamentales de la misma.
Frente a esta situación, contemplo con complacencia (...) esta institución humana, que hunde sus raíces en el designio amoroso de Dios y representa el modelo insustituible para el bien común de la humanidad. Son muchísimos los hogares que dan una respuesta generosa el Señor (Discurso en la Ceremonia de apertura de la Asamblea Eclesial de la Diócesis de Roma, 6 de junio de 2005).
El amor y la entrega total de los esposos, con sus notas peculiares de exclusividad, fidelidad, permanencia en el tiempo y apertura a la vida, está en la base de esa comunidad de vida y amor, que es el Matrimonio (cf. Gaudium et spes, 48). Hoy es preciso anunciar con reenovado entusiasmo que el `Evangelio de la familia´ es un camino de realización humana y espiritual, con la certeza de que el Señor está siempre presente con su gracia. Este anuncio a menudo es desfigurado por falsas concepciones del Matrimonio y de la Familia que no respetan el proyecto originario de Dios. En este sentido, se han llegado a proponer nuevas formas de matrimonio, algunas de ellas desconocidas en las culturas de los pueblos, en las que se altera su naturaleza específica (Benedicto XVI, Discurso a los Presidentes de las Comisiones Episcopales para la Familia y la Vida de América Latina. Vaticano, 3 de diciembre de 2005).
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